Sin techo 200 mil tachirenses

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Publicado el día 03 de Octubre del 2016

Comprar una vivienda propia es el sueño de muchos venezolanos y tachirenses que anhelan tener un techo que les permita resguardar a sus seres queridos y conformar un hogar; sin embargo, actualmente, esa esperanza se aleja día a día en cada uno de ellos, cayendo en la dura realidad. Los precios de las casas y apartamentos en todo el país están por las nubes. En el estado, dentro de la capital San Cristóbal, una vivienda “digna” en un lugar no muy lujoso puede costar más de 40 millones de bolívares, lo que representa más de 140 años de trabajo con el sueldo mínimo actual de 22 mil 576 Bs. mensuales.

En el estado el déficit de viviendas es muy elevado, actualmente se estima que por lo menos 200 mil tachirenses requieren de una vivienda, en una población que apenas sobrepasa el millón 308 mil habitantes, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística -INE-.

Alberto Maldonado, alcalde del municipio más pobre de la entidad, Torbes, y representante del Sindicato de Construcción, explicó que solamente en la jurisdicción que representa faltan 5 mil unidades habitacionales y la población es de 123 mil habitantes, en donde por lo menos 30 % no tiene vivienda.

“Cuando nos vamos por los 29 municipios y vemos el déficit habitacional, estamos hablando de por lo menos 200 mil unidades habitacionales que se necesitan para poder cubrir la demanda solo del Táchira; y si nos vamos a los 24 estados, podemos hablar de 5 millones de viviendas a nivel nacional que hacen falta”.

Recordó que las cifras van variando diariamente, ya que cada vez que una mujer queda embarazada, o decide junto a un hombre formar una familia sin tener un techo que les resguarde, se suma una vivienda más al listado.

Considera Maldonado que el Ejecutivo nacional tuvo en su momento los recursos económicos para lograr una masificación en la construcción de viviendas, pero el no cobrarlas, sino darlas “regaladas”, afectó el proyecto que emprendían.

“Si tú sacas y sacas y nunca metes, automáticamente se seca el pozo y debes mantener un sistema rotativo de la Ley de Política Habitacional, de los Créditos Hipotecarios de Viviendas, que permitan avanzar y recuperar el capital para seguir invirtiendo (…) cuál es el costo económico de la construcción de 1 millón 100 mil de viviendas: es muy alto, que no va a poder resarcir, y la gente, al no saber el valor de una vivienda, empieza a deteriorar lo que no le cuesta”, señaló.

Lamentó Maldonado que por la grave crisis económica que atraviesa el país ningún trabajador de la clase obrera, o aquel que dependa de un sueldo mínimo, pueda acceder a un crédito ni hipotecario ni para adquirir una solución habitacional desde un banco.

Para luchar con tan alto déficit de viviendas señaló que por lo menos en su municipio comenzaron la construcción de 23 unidades habitacionales de 90 metros cada una, con un valor de 7 millones y medio y 10 millones de bolívares. “Nosotros no le regalamos a nadie porque nosotros somos administradores de la gestión pública, no los dueños (…) También estamos iniciando el desarrollo habitacional para 100 de nuestros funcionarios públicos”.

No pueden con la demanda

Maldonado calificó de muy buenos los planes que adelanta el Gobierno para combatir la falta de soluciones habitacionales en el país, a través de la Gran Misión Vivienda Venezuela –GMVV-; sin embargo, considera que les ha fallado el método y no pueden cumplir con la demanda que se tiene.

“Reconozco que el sistema de la GMVV ha generado un bienestar a la sociedad, porque el que no tiene vivienda es pobre, cuando la tiene tampoco es rico, pero por lo menos tienen dónde tener a sus hijos y no están estorbándole a otros (…) Lo que no se puede es regalar, es decir, yo los felicito porque demostraron que se puede hacer una vivienda de calidad a precios bajos, importantes, y podemos competir con la empresa privada”.

Explicó que no basta solamente con dar una vivienda, también hay que comenzar por cambiar el pensamiento de las personas, ampliando su nivel cultural, ya que asegura que la pobreza no solo va en las necesidades que se tengan sino también en la manera en la que se piensa.

“Hay que enseñar a la gente a vivir en comunidad, en convivencia ciudadana, en organización. El Gobierno ha hecho un millón de viviendas, edificios de 10 pisos, y la gente sigue montando la moto por el ascensor, siguen botando la basura al frente, no paga condominio”.

Trabajadores de construcción en quiebra

Maldonado, por otra parte, aseguró que el sector de la construcción está paralizado totalmente y en quiebra. De 27 mil trabajadores que están adscritos al Sindicato, tanto solo 600 tienen trabajo, y por los nuevos aumentos salariales cree que en las próximas semanas las contrataciones podrían llegar a cero.

“El sector construcción está totalmente quebrado en el país. En el Táchira, de 27 trabajadores afiliados al Sindicato, solo 600 tienen trabajo, escasamente, estamos hablando de casi un 99 % de desempleo. Ahora, con el nuevo aumento salarial y el bono de alimentación y la falta de demanda en la compra de inmuebles, ha generado un retroceso en la industria de la construcción y trayendo desempleo”.

Decenas de años de trabajos

Con el salario mínimo actual, ubicado en 22 mil 576 bolívares mensuales, a partir del primero de septiembre sin incluir el cesta tickets, que se supone es destinado solamente para la alimentación; son decenas de años los que un tachirense debe trabajar para comprar una casa o apartamento en la entidad, sin importar dónde esté ubicado según los precios publicados en portales web.

En los sectores más lujosos de la ciudad como Acacias, Piedra Jurungo, Urbanización Mérida, Colinas de Pirineos, Barrio Obrero, entre otras, una casa puede llegar a costar más de 600 millones de bolívares, lo que se traduce en 2 mil 215 años de trabajo al sueldo actual, sin tocar un centavo para ningún tipo de servicio o necesidad.

Comprar en sectores considerados más populares como Santa Teresa, Santa Cecilia, Unidad Vecinal, Los Teques, Barrio El Lobo, La Concordia, entre otros, una vivienda puede costar entre 36 y 100 millones, por lo que podríamos estar hablando de 133 o 369 años de trabajo.

Fuente: El Diario de Los Andes