Hoy se cumplen 49 años del terremoto Caracas

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Publicado el día 29 de Julio del 2016

La noche del sábado 29 de julio de 1967, Adelaida Rojas se preparaba para asistir a una de las múltiples celebraciones que esa semana se realizaron para conmemorar el cuatricentenario de la fundación de la ciudad, Santiago de León de Caracas, cuando de repente comenzó a escuchar un ruido escalofriante y ensordecedor, y la ducha de su baño comenzó a lanzar agua en todas direcciones, el edificio donde vivía en Los Chaguaramos se movía.

“No entendía qué estaba pasando, me envolví en la toalla, me puse la bata de baño y salí a buscar a mi prima. De pronto todos los vecinos comenzamos a bajar y nos reunimos en la calle, por Las Tres Gracias, ahora sé que el terremoto duró poco tiempo, pero a mí me pareció eterno. Esa noche, todos permanecimos en la calle, teníamos miedo de regresar a los apartamentos. No supe de mis amigos hasta dos días después. Hubo casas y apartamentos con paredes agrietadas, pero lo que nosotros vivimos fue nada en comparación con lo que pasó en Los Palos Grandes. Hubo gente que nunca apareció, ni viva ni muerta”.

Así relata Adelaida su experiencia el 29 de julio de 1967, cuando apenas tenía 21 años de edad. Fue una experiencia que la marco para siempre, desde entonces jamás cierra la puerta de habitación a la hora de dormir.

El Terremoto de Caracas de 1967 ocurrió a las 8:05, hora legal de Venezuela, tuvo como epicentro el Litoral Central, con una profundidad de 15.9 Km, y duró 35 segundos.

Según el balance oficial se produjeron 236 muertes, algunas fuentes dan cuenta de 300 fallecidos, y 2.000 heridos. Las pérdidas materiales alcanzaron los 10 millones de dólares.

El desastre dejó a unas 80 mil personas sin vivienda, seis edificios fueron destruidos, 40 edificios fueron declarados no habitables, 180 edificios sufrieron deterioros graves un número no determinado de quintas presentaron daños en las fachadas, paredes, frisos, balcones, cornisas y aleros.​

Al sismo le siguieron unas 30 réplicas, la primera unos 40 minutos después del terremoto.

La tragedia hizo que se comenzaran a tomar en serio normas y protocolos para la construcción de edificaciones sismo resistentes. Se tomó conciencia de que Venezuela es un país sísmico con varias fallas geológicas activas -Boconó, San Sebastían, El Pilar y Oca-Ancón.

“En 1967 no había una normativa sobre construcciones sismoresistentes, tan solo había una página de recomendaciones”, explica Aura Fernández, presidenta de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis).

Desde entonces, explica la ingeniera civil, especialista en construcciones sismoresistentes, es mucho lo que el país ha avanzado desde el punto de vista de la normativa de construcción para minimizar los riesgos que para la población y la infraestructura implica un movimiento telúrico.

Precisamente Funvisis es una respuesta al terremoto, esta institución cumplió el 27 de julio 44 años de fundada.

Actualmente el país cuenta con la norma Covenin 1756-1:2001, que es la última actualización de la normativa adoptada en 1982.

Esta norma, explica Aura Fernández, recoge todo el aprendizaje logrado tras el estudio de los daños del terremoto del 67, así como experiencias internacionales. Rige tanto para construcciones de concreto como de acero.

No solo toma en cuenta materiales y formas de construcción, sino lo lugares donde se decide construir, la geología del terreno.

“Si observamos bien, durante el terremoto de 1967, la mayor concentración de daños se produjo en Los Palos Grandes, en edificios de más de 8 pisos. Esto pasó porque la zona tiene lo que se conoce depósito de suelos profundos -es un tipo de suelo sedimentario- que obliga a ser más rigurosos a la hora de construir edificaciones más altas”.

No se trata de que en Los Palos Grandes y su zona de influencia no se puedan construir grandes edificios, sino que cuando se decida hacerlo la rigurosidad debe ser mayor, puesto que el tipo suelo implica más riesgo, explica Fernández.

Actualmente, además de la Norma Covenin, se está trabajando en una microzonificación para definir parámetros de construcción sismoresistentes según las especificaciones del suelo y geología de cada zona.

Este trabajo se ha hecho un levantamiento del tipo de suelo que hay en cada municipio y parroquia del Área Metropolitana. La parte técnica está lista desde 2009, y ahora se está en las fases de las recomendaciones para que cada una de las alcaldías las adapte a su normativa de construcción.

Aura Fernández explica que en el caso de Libertador se está trabajando en una ordenanza de construcción que toma en cuenta estas recomendaciones. Chacao por su parte, las ha tomado en cuenta en la definición de su Plan de Desarrollo Urbano Local (PDUL). Baruta y El Hatillo también las están considerando.

La microzonificación también es considerada en otras ciudades como Barquisimeto, Cabudare, Mérida.​

Niños, mujeres y enfermos primero

Sin importar dónde están construidos, en toda ciudad sísmica hay un conjunto de edificaciones que deben extremar las normas antisísmicas en su construcción. Estas son las estructuras llamadas de alta ocupación como es el caso de hospitales, escuelas, terminales de pasajeros, metros, estaciones de bomberos y de Protección Civil, así como toda la toda la infraestructura de servicios.

“Todas estas forman parte de un grupo de especial de construcciones en las que hay tener mayor rigurosidad. En medio de un terremoto se puede considerar aceptable que una casa, un edificio tenga algún tipo de daño. Pero esto no es aceptable, por ejemplo, en un hospital puesto que esto compromete su funcionamiento”, explica Aura Fernández.

Construcciones informales


Pero ninguno de los aprendizaje y ni las normas de construcción que se han adoptado desde 1967 son efectivas ante el arraigo de las construcciones informales. Y si se toma en cuenta que, según diversos estudios, 50% de la población venezolana vive en asentamientos informales los riesgos ante un posible sismo se incrementan.

La densidad de demográfica de las barriadas caraqueñas y lo precario de muchas de estas construcciones multiplican el potencial de desastre. Algo que en Funvisis parece tener muy presente.

Como parte de su actividad supervisan grandes grupos de vulnerabilidad en las ciudades, estas son los viaductos, puentes, hospitales, estructuras patrimoniales y, más recientemente las llamadas construcciones populares.

Fernández explica que en caso de las viviendas construidas en los cerros de Caracas el riesgo es múltiple, pues por un lado no han sido hechas siguiendo normas concretas de ingeniería, con un desconocimiento total del tipo de suelo, y además no se ha tomado en cuenta una correcta aducción de las aguas blancas y servidas, las que indefectiblemente van a dar al terreno. Por ello el riesgo de deslaves y derrumbes en aún mayor.

“Las construcciones populares (informales) no vamos a pararlas, en las comunidades se construye más rápido que en el sector formal”, explica Aura Fernández. Con este en consideración, desde 2011 vienen trabajando en el diseño de una serie de manuales para informar a las comunidades sobre formas más seguras de construcción que ayuden a bajar el riesgo.

Los manuales están listos, pero ahora se enfrentan a la tarea de llevar esta información a los barrios. “Queremos orientarlos para que aprendan a escoger el terreno, para que entiendan el riesgo de construir en determinadas zonas (…) Ahora necesitamos un refuerzo para masificar este información”, explicó.

Esperan contar con el apoyo institucional de Barrio Nuevo, Barrio Tricolor para poder emprender esta tarea.

Finalmente la recomendación para la población es acudir a las fuentes de información idóneas para saber cómo comportarse en caso de un desastre natural.

Fuente: El Universal